sábado, 6 de octubre de 2012

Ars amatoria

Se lee en las crónicas el temor a la llegada de la peste, en el siglo XIV, y el desenfreno que sacudió a sus aterradas gentes, sexualizadas, díscolas, como si en el mundo no importara nada más. Y se acababa la vida, de verdad, al menos para un tercio de la población.


¿Tan negro presentimos el panorama hoy? ¿tan desquiciado? ¿con tan pocas intenciones de entregarnos a alguna otra pasión?
Me asusta el personal que se tira como loco al “me gusta” de Facebook de los Durex Love Sex. Me ruboriza. Como me incomoda que se hable de dinero, de política o de religión, temas tan íntimos para irlos exponiendo a boca de costal.

Las hordas a los bares a valorar el género y a bufonear (como si a partir de las once de la noche se pudiera conocer a alguien sensato…). Los institutos rebosantes de profes divorciados, haciendo fiesta el sábado a la noche para estrenar sus apartamentos de hombres libres en busca de revolcón.

 
¿También los altos cargos y los hombres responsables de la Baja Edad Media proclamaban exaltados que iban metiendo mano a las jóvenes doncellas? Porque hoy lo hacen, de hecho, en lugar de rendirle discreción a sus artes amatorias, y no reparan en la fe y en el respeto que otras personas que descubran sus andanzas les podrían perder.
Remato pues: que el que mucho pregona poco vende. Y no me extiendo más.

 

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