Libros ajados
tan caros como las perlas barruecas
que cinco años después me salen al encuentro impetuosos
tonificados
brillantes
coloridos
y a sólo unas monedas.
Como si en la sentencia fluctuante sobre lo que es menester leer o dejar de lado también se pronunciara el propio Adam Smith.
(Será cuestión de obviar la librería del Reina y darme cuenta por fin de que hay oportunidades más allá).
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