A santo de qué jolgorios en que alguien deja un plato, a la
chita callando, sobre la mesa de la sala del claustro, con una tarta, con
sándwiches, con tortilla de papas, y los otros van dejándose caer a rendirle
respetos…
Adoro este instituto y esmerarme a conciencia en él, pero no
estoy de humor para estas comanditas, parrandas y tertulias de salón:
Hablar con más de dos personas a la vez me pone
efervescente, se me esfuma la pena y no me apetece nada.
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